

Aunque parezca mentira es en esta época -de exuberante omnipotencia científica- donde la homogenización de las masas no se ha conseguido mediante la mencionada y manoseada manipulación genética, sino de una manera mucho más sutil, más sibilina y, sobre todo, mucho más beneficiosa para los intereses económicos de algunos; nos han ido modificando nuestros esquemas de conducta y nuestros patrones físicos sin necesidad de pulsar un solo gen y apelando, casi en exclusiva, al órgano más poderoso y a la vez más influenciable del ser humano: la razón.
La publicidad en particular y, en general, todo lo que emana de la flagrante globalización, del capitalismo feroz y de la sociedad de consumo diseñada por las clases dirigentes, se está encargando de obrar el milagro y presionando los resortes más rudimentarios del hombre -nada de esnobismos genéticos- intentan alcanzar el ansiado objetivo: que todos los que no son “ellos” seamos absurdamente igual de grises y, por lo tanto, igual de manejables.
Este complejo problema, esta desasosegante realidad, es la que recoge la obra de Cyro García en su proyecto Publicidad engañosa. Una serie de sarcásticas intervenciones sobre las imágenes fotográficas de los catálogos de las grandes marcas de moda que, no contentas con inundar tiendas y centros comerciales, también irrumpen en nuestros propios buzones para que absorbamos sus contenidos -por auténtica inmersión- y tratemos de ser como alguno de los modelos que nos muestran.
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Cyro García se vale de este extraño soporte para construir su ácida ironía de una manera completamente artesanal, un singular método de transferir imágenes y superponer transparencias que consiste en arrancar, con un poco de papel celo, una pequeña porción de la película de tinta de cualquier fotografía editada y, con esta imagen parcial adherida, superponerla sobre las figuras de las modelos, deformando la bella materia prima y planteando su crítica sobre estos cánones de belleza abusivos y exhaustivos que padecemos. Una técnica que, a la vez, se configura como una sugestiva metáfora que refuerza la idea esencial del artista, prescindiendo del “ordenador que todo lo puede” en beneficio de una expresividad más imperfecta y humana.
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*Texto de Gómezdelacuesta para el catálogo “Publicidad engañosa” sobre la obra de Cyro García, editado por el Instituto Andaluz de la Juventud de Huelva. Marzo 2007.
Cyro García se vale de este extraño soporte para construir su ácida ironía de una manera completamente artesanal, un singular método de transferir imágenes y superponer transparencias que consiste en arrancar, con un poco de papel celo, una pequeña porción de la película de tinta de cualquier fotografía editada y, con esta imagen parcial adherida, superponerla sobre las figuras de las modelos, deformando la bella materia prima y planteando su crítica sobre estos cánones de belleza abusivos y exhaustivos que padecemos. Una técnica que, a la vez, se configura como una sugestiva metáfora que refuerza la idea esencial del artista, prescindiendo del “ordenador que todo lo puede” en beneficio de una expresividad más imperfecta y humana.
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*Texto de Gómezdelacuesta para el catálogo “Publicidad engañosa” sobre la obra de Cyro García, editado por el Instituto Andaluz de la Juventud de Huelva. Marzo 2007.







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